Sin Dañar a Nadie


Violencia en los adolescentes: “una problemática de todos”
7 Abril 2008, 4:29 am
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Violencia en los adolescentes: “una problemática de todos”


El fenómeno de la violencia es entendido como un proceso social que comprende las más variadas formas de agresión. Se caracteriza por tener un efecto multiplicador y expansivo que afecta no sólo a las víctimas, sino a la sociedad toda.

Esta claro que los hechos de violencia entre adolescentes vividos recientemente en la Argentina, no irrumpen en la vida cotidiana de los habitantes como un fenómeno aislado de contexto. Su presencia es un síntoma de los graves problemas que enfrentan hoy por hoy, los individuos.

En la memoria de los argentinos aún resuenan hechos como el caso de Rafael Calzada, el 4 de agosto del 2.000, cuando “Pan Triste”, como llamaban a este alumno, entró a su colegio y mató a un compañero; o el gran estupor que sentimos con el caso de Carmen de Patagones, en el 2.004, cuando un escolar ingresó al establecimiento educativo matando a tres de sus compañeros e hiriendo a otros cinco; o la tragedia que dejo 33 muertos en la Universidad de Virginia Tech, E.E.U.U., que tuvo lugar el pasado 18 de abril y fue la mayor tragedia en un establecimiento educativo; o el de la escuela en Columbia, también en los Estados Unidos, en 1.999, que dejo, entre alumnos y docentes, 25 muertos a manos de dos alumnos enardecidos de ira y de violencia .

La problemática de este tipo de violencia, tan vigente estos últimos tiempos, es la consecuencia de conflictos sociales aún no resueltos; que ponen en juego las relaciones entre los miembros de la sociedad.

Muchos creen que las condiciones de extrema pobreza y de marginalidad que padecen muchos jóvenes en nuestro país y en el mundo entero; la insatisfacción de sus necesidades básicas y la falta de expectativas a un cambio social, son las causas determinantes que generan situaciones de violencia en el núcleo familiar en respuesta a los conflictos que no puede resolverse ordinariamente. Pero el drama diario de esta manifestación violenta no es padecido en forma exclusiva por las familias de clase baja; sino todo lo contrario.

La violencia escolar se trata de todas aquellas acciones, de palabra o de hechos, que tienen que ver con hacer algo que, para la otra persona, representa una imposición, una agresión o una contradicción con sus propios modos y normas de hacer o de ser. Puede ser también una cuestión expresa, como la violencia simbólica, aquella en la cual no están, manifiestamente presentes, los actos violentos típicos. No es la ejercida por una persona o sujeto, sino desde la imposición de costumbres, de prejuicios, de hábitos que conforman una determinada cultura. Y el prejuicio es un elemento fundamental a la hora de ejercerla.

Recientes estudios muestran que los jóvenes, sin supervisión, suelen tener serios problemas de conducta. Son agresivos, contestan mal, y no se integran con sus otros compañeros. Un joven que ha visto violencia en su casa no siempre se vuelve violento, pero hay más probabilidad de que trate de resolver los conflictos a través de ella o de un golpe. En cambio si se le enseña que es mejor solucionar las peleas hablando con calma y no con puñetazos, amenazas o armas, los resultados podrían ser otros a los que, usualmente, estamos presenciando.

Muchas veces son los mismos padres los que alientan conductas agresivas sin saberlo. Por ejemplo, cuando piensan que es bueno para un joven aprender a pelear para, el día de mañana, poder defenderse ante posibles situaciones adversas.

La violencia en el hogar puede causar mucho miedo en los adolescentes. Ellos necesitan de un hogar seguro, lleno de amor, cordialidad, respeto, donde puedan crecer seguros y firmes en sus convicciones. Entonces, se debe procurar que este ámbito sea un lugar “no violento”. Las discusiones fuera de tono, hostiles y agresivas entre padres pueden llegar a asustar a los hijos, les dan un mal ejemplo y los vuelve rebeldes con el entorno donde les toca actuar.

Si en cambio se desarrollan en un medio donde se les enseña reglas claras, disciplinas concretas, se les está brindando normas de convivencias que representan la estructura de expectativas ciertas y válidas para pautar su conducta. Con ellas podrán comprobar que el respeto hacia el otro, la honestidad, la hombría de bien, y las tradiciones son fuentes básicas de fortaleza para el desarrollo normal de su vida. Esto es muy importante si se enfrentan con presiones negativas de otros niños de su edad, o bien viven en una zona violenta o asisten a una escuela en una zona peligrosa.

Porque los valores, principios y actitudes que ellos suelen aprender, lo hacen siguiendo el ejemplo de los mayores. Siempre necesitan de la guía de sus padres, tutores o cualquier referente adulto que les ayude a comprender y medir sus logros, a sacar provecho de sus fracaso; que los protejan en la medida en que se pueda; que les muestren qué es lo bueno y qué se reconoce como dañino para el ser humano; que les den los elementos necesarios para que puedan empezar a pensar por sí solos, a tener su propio vuelo y así construir su propio camino. Sin un apoyo adecuado, los adolescentes de hoy en día, no reciben la orientación necesaria.

Los jóvenes que se desarrollan en un ambiente donde aprenden a responder con palabras firmes pero manteniendo la calma cuando otros insultan, amenazan o golpean; donde se les muestra que se necesita más entereza y liderazgo para oponerse a la violencia que para secundarla; donde se dan cuenta que criticar a las personas porque son distintas es algo hiriente; que insultar es inaceptable, que usar palabras para comenzar o alentar violencia, o silenciarla es dañino, adquieren hábitos que les permiten aceptar y entender la importancia que la necesaria y sana convivencia tiene, pese a los diferentes puntos de vista. En definitiva, a vivir en sociedad.

Pero para ello los padres, adultos y jóvenes deben ser los necesarios participes en su elaboración, siempre que sea posible. Se debe explicar, no sólo con la palabra sino fundamentalmente con el ejemplo; qué se espera con la aplicación de ellas; y cuáles son las consecuencias de no seguir estas pautas. Esto los ayudará a aprender que comportarse de un modo tolerante y comprensivo, es beneficioso para poder vivir en una auténtica armonía social.

Si queremos que las cosas cambien, debemos decir basta con todos estos hechos de violencia entre adolescentes vividos últimamente. Para ello es importante el compromiso de todos en aplicar los medios necesarios para erradicarla, sin distinción de raza; ideología; edad; sexo; situación socio económico o manera de pensar.

Porque su presencia representa un síntoma de que algo, en esta sociedad, no está bien. Y sobre esto debemos actuar.

Opinión: Lic. En Comunicación Social Ana Cecilia Lugones Castiglione

Agradecemos nuevamente a la Lic. Ana Cecilia Lugones Castiglione por acercarnos estos artículos.